Se acerca el 24 de diciembre fun, fun, fun, el 6 de enero, los amigos invisibles, y otras festividades. Días especiales en los que impera la alegría, la paz y el amor. Sin embargo la Navidad, por motivos que escapan de la razón humana, en muchas ocasiones, se convierten en un puto infierno. Haced la prueba y mirad a vuestro alrededor. Se supone que es un momento para vivir unos días intensos junto a la familia, sin un ápice de tristeza o conflicto, rodeados de todo tipo de tradiciones ligadas a infinidad de creencias y símbolos. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. De hecho, si buscas en imágenes de Google con las palabras “Familia feliz en navidad” el resultado principal que aparece es éste:

¿Verdad que son adorables? Incluso los pequeños gnomos (¿O cómo coño se les llama a los ayudantes de Santa Claus? ¿Elfos? ¿Enanos? ¿Hobbits? Da igual) Lástima (y lamentándolo mucho) que sólo sea una foto. Os puedo asegurar que la Navidad hay veces que se convierte en un momento de estrés, griterío y de “vete a tomar por culo” en la boca de muchos dedicado a un buen porcentaje de la población mundial. Esta foto por lo visto es la última que se hará Obama y los suyos en la Casa Blanca con su árbol de Navidad. ¿Creéis que va a pasar unas buenas navidades nuestro querido Barack? Una mierda. Está jodido. Y más sabiendo que los rincones favoritos de lo que ha sido su casa durante casi una década van a ser ocupados por un tipo que precisamente no es su colega. Es algo que le debe de tocar los huevos. Esto posiblemente que provoque en la familia Obama una situación de crispación el día que estén a punto de meterse un pavo americano con cuchillo y tenedor, entre pecho y espalda. Bueno, igual si vives en la Casa Blanca y eres político (sea cual sea) te la suda un poco todo y resulta que sí, que de alguna manera eres feliz. Al menos un cocinero te ha hecho la cena, tu chofer se ha encargado de comprar los regalos navideños de la familia, un grupo de operarios han levantado un árbol de tres metros en tu salón, y no tienes que aguantar el discurso del Rey en todas las cadenas de televisión antes de cenar. Eso quizá pueda hacerte algo más feliz que al resto del mundo. Pero la realidad, es que la Navidad sea por lo que sea; aglomeraciones, patearte una ciudad para encontrar un regalo, ver a ese familiar que no soportas, tirarte mil horas comiendo sentado en una mesa, vivir agobiado con los exámenes que tienes a la vuelta, pensar que en unos días volverás a ver al jefe gilipollas que no soportas, preparar una cena sin que nadie te eche una mano, atascos a cualquier hora… Un sin fin de movidas que al final a uno le acaban quemando.

En cambio, si en Google modifico los parámetros de búsqueda cambiando una simple palabra “Familia triste en Navidad”, podemos encontrarnos con una situación quizá más parecida a algo que hemos vivido algún año. Algo más cercano a la realidad:

Ese familiar que arruina la cena de Navidad tirando la servilleta contra la mesa, increpando a lo que posiblemente sea su hermano o cuñado, ante la mirada de asombro de la madre (que ignoramos por qué tiene una cartulina sobre la cabeza) y el bochorno de su mujer (que también ignoramos el tema de la cartulina sobre su pelo). Sin hablar de la hija que tiene ya el cuchillo en su mano, preparado para clavárselo en la yugular al enemigo de su querido, adorable y sensible padre que sólo se pone así cuando le tocan las pelotas. ¿Qué ha podido ocasionar la disputa? ¿Se habrá metido con su equipo de fútbol preferido? ¿Ha dicho que Oasis es una mierda y que le gusta mucho más Blur? ¿Ha leído un poema de un tuitero? ¿Ha dicho que el cierre de la Gran Vía no le gusta? ¿Ha defendido a Mariano Rajoy Brey públicamente? ¿O acaba de poner mientras cenan la playlist de Spotify titulada Frescura Indie? No, amigos. Tras muchas horas de reflexión sobre la instantánea, documentarme en Foro Coches, contactar con el fotógrafo, y hablar con la niña del cuchillo, resulta que ambos eran hermanos y el que está sentado recibiendo la bronca, le había regalado a su hermano por el amigo invisible esto:

Normal. No te jode. Yo también me hubiera levantado de la mesa para marcharme después de haber recibido un vale de este tipo con el código de barras “abrazos sin límites”. Esta noticia me ha consternado y la queja de mis queridos lectores de no poder regalar Mi silencio habla de ti estas navidades, nos ha obligado a José Luis Algar y a mí a crear un vale de Navidad que no defraude a nadie. Así que si aún no sabes qué regalar en estas navidades, por Reyes Magos, o el típico infernal y aburrido Amigo Invisible, estás a punto de resolver ese problema. Es fácil y sencillo. Te lo explicaré como el que explica a sus padres a usar el móvil. Arrastra el ratón sobre el vale (el de abajo, si quieres hacerlo sobre el de arriba, no me hago responsable de las consecuencias) haz click en el botón derecho y elige la opción de guardar la imagen. La descargas en tu ordenata y después la imprimes. Recortas el vale y te curras unas palabritas para la persona a la que le vas a regalar el libro. No os entretengo más con mis chorradas ¡Feliz navidad y que el invierno no pueda con nosotros!

¿Dónde comprarlo? Fnac, Amazon, La Casa del Libro, El Corte Inglés y en tu librería más cercana.