A veces siento vergüenza por tener redes sociales. A veces me despierto con la ganas de eliminar todas las que tengo porque seamos claros y sinceros: son una máquina para perder tiempo y atontarnos el cerebro. Digo esto sabiendo que yo las uso cada día y me gustan, ya no sólo como Holden Centeno, también por mi labor profesional como Community Manager en una empresa.

En muchas ocasiones siento vergüenza ajena al ver cómo los artistas y famosos se convierten en un producto de publicidad tan ridículo y pueril que siento nauseas. Sus redes sociales se han convertido en canales para publicitarse a sí mismos constantemente: sus conciertos, sus libros, sus eventos, sus discos, sus firmas y cualquier mierda que implique vender más su producto. Yo lo he hecho mil veces, sí, lo reconozco. Lo que no quita que pueda pensar todo esto. Aunque hay formas y formas de hacerlo…

Últimamente parece que las redes sociales están siendo actualizadas para que hagamos el ridículo y creamos que en realidad estamos haciendo el papel de nuestras vidas: ser una estrella en internet a la que sus seguidores aclaman. Patético y más que patético. Recuerdo cuando por ejemplo Instagram iba a cambiar su algoritmo al estilo Facebook y un gran puñado de personas subió una foto con el siguiente texto: “Activa las notificaciones de mis publicaciones en Instagram para no perderte nada.” ¿De verdad que hemos llegado a ese punto de egocentrismo y tiranía social?

Lo que más rabia me da de todo esto es que much@s de es@s artistas de los que están metidos en redes sociales (también hay otros que se salvan) son personas a las que admiro o al menos respeto o al menos creo que tienen inteligencia propia y no la de una oveja.

Hay gente que dice que soy escritor. Lo afirman y lo piensan rotundamente. Cuando lo hacen, muchas veces pienso en los artistas y escritores que sí que lo son de verdad o los que lo fueron y ya están muertos. Especialmente pienso en estos últimos y llego a la conclusión de que si estuvieran vivos sentirían vergüenza por esta generación de escritores en la que yo me incluyo. Sentirían vergüenza por el circo que se ha montado alrededor de los autores de ahora. Son una especie de movimiento “divertido” y glamouroso (a su manera) que dan migajas de pan a sus lectores a través de las redes sociales con fotos (acompañadas de textos) que rozan la vergüenza ajena. Lo peor de todo es que cada vez soy más consciente que cuantas más subnormalidades digas o hagas en las redes sociales, más éxito tienes con tus libros o lo que quiera que hagas.

Que no cuenten conmigo en ese circo.

#InstaFamous, es la ONG que he fundado y que hace unos días os desvelaba con esta foto. Gracias a todas vuestras generosas aportaciones en forma de corazón de Instagram podremos seguir con el proyecto adelante y mostraros más situaciones penosas a las que se someten todos estos instagramers (ya sean artistas o personas que sin ninguna pretensión tienen Instagram y les sigue su pequeño público) para poder lograr un mundo más bello y natural.

A veces me pregunto si Dalí tuviera Instagram cómo lo usaría.

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